Límites: ¡no!, ¡n-o!, ¡no!

No es no, educación canino, perro desobediente

Límites: ¡no!, ¡n-o!, ¡no!

by Marcelo Vinales |29/08/2017 | Novedades

“No”, “N-O”, “¡No!”. Vamos, repitan conmigo: ¡¡¡NO!!!

¿Vieron? No es tan difícil. Sin embargo, parece que a muchos dueños de perros entender que “no” es “no” les cuesta un poco más que a sus mascotas.

No hace falta que el perro sea “malo” para que rompa algo o haga lío. El mal comportamiento, en especial de los cachorros, es algo común en los cánidos con mucha energía o en los que se aburren, pero también es una conducta que puede cambiarse con una buena educación, y la buena educación empieza en el hogar. Por supuesto, después se complementa con una buena educación canina. Pero como probablemente un adiestrador nos diga al venir a nuestra casa a conocer al perro desobediente, puede ser fácil adiestrar a un perro, el problema es adiestrar a los dueños.

Un “¡no!” enérgico dicho a tiempo puede solucionar muchos problemas de convivencia en el hogar con nuestra mascota. Si lo vemos colgado de las cortinas, orinando el sillón, destrozando el juguete de nuestro hijo, el grito “¡No!” en el momento justo hará que el cánido frene en seco. Solo “no”, nada más que eso. Este “no” no va acompañado por su nombre ni por ningún otro apelativo como “perro malo malo malo”. Es una sola palabra, en un tono de voz fuerte que le deje bien en claro al perro que lo que está haciendo está mal. Si repite su mala conducta, volvemos a repetir nosotros el grito.

Este “no” tampoco va a acompañado de un golpe. Los perros tienen bocas y dientes puntiagudos y a morder aprenden solitos. No hace falta que el perro sea agresivo para que reaccione mal; a nadie le gusta que lo reten o lo maltraten, y es probable que a tu mascota tampoco, así que mejor evitar golpes o cualquier otro tipo de violencia contra el animal. Mejor un “¡No!” preciso y quizás un castigo, por ejemplo atarlo durante un rato, o dejarlo en el patio, lejos de la familia y de sus juguetes, para que entienda que acaba de hacer algo mal. Si se repite la acción, se repite el castigo, y así creamos la costumbre.

Por supuesto, nosotros debemos entender que este “no” es “no”. No es un “no, Pepito, no seas malo”, y luego le damos una galletita. No es un “no, Pepito, mal chico, no lo hagas más” en un susurro; no es “tal vez” tampoco. Es ¡NO! y con nuestro grito firme se paraliza el mundo, porque estas dos letras unidas son muy poderosas y pueden solucionar muchos problemas y evitar muchos enojos.

Bueno, si este humilde artículo no es suficiente para comprender la importancia de este adverbio de negación, seguro un adiestrador canino podrá explicárselo mejor al perro y a sus dueños (¡lo más importante!) al comenzar la educación canina del animal.